sábado, 4 de junio de 2016

CABEZA DE RIESGO



© Amaurys García Calvo, 2014.
Durante mi adolescencia, en los frecuentes viajes a Sancti Spiritus, me estuvo llamando la atención un cartel a la orilla de la carretera. Era de unas dimensiones casi colosales. Sus mismas palabras las encontré veinte años más tarde, allá por Fomento: "Si hay comida para el pueblo, no importan los riesgos". Firmado...
Y veinte años después, ya sin hielos ni pelotones, europeando, revelando el cliché me enfrento de nuevo a la matraca verbal y me atrae la cabeza guillotinada, el que no estén, frente al objetivo, más que esta cabeza y la imagen del cuadro, al fondo. La gente da la espalda o se ladea. Por el azar del instante, la gente de verdad se despersonaliza. Son nadie y son todos a la vez.
Después de pensar en mi padre cuando dice: "Si no hay comida para los puercos...", etcétera, etcétera…; superado el momentico patiótico (no es un error: me vi de pronto en el patio de mi casa en Cuba, frente a los corrales), me pregunto: «¿Qué riesgos? ¿Cuáles podían ser esos riesgos antes y cuáles ahora? ¿Riesgos de afuera?...».
Pero ya no hay hielo, no hay pelotones, he dicho. Y esto es Europa. Y está Orwell. Allá, junto al cartel aparatoso, durante mi adolescencia Orwell y su granja estaban prohibidos. Me digo, pues: «¿Y si el riesgo, el verdadero, para los que inventan lemas siempre estuviera dentro?».

© Amaurys García Calvo, 2014.

Sobre la presente entrada, © A. G. C., 2016.

2 comentarios:

  1. Claro que sí, siempre está dentro y si no está, siempre está el terror que obliga a pensar que sí.

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    1. Siempre está, en efecto.
      ¡Fuerte abrazo!

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