sábado, 3 de septiembre de 2016

EL CINE EN VICEVERSA



Esta ficción pertenece (ya) a CUENTOS BREVES Y ORDINARIOS, MUY ORDINARIOS, un libro que nunca se termina.

© Amaurys García Calvo, Sevilla, 2016.
Se paga allá donde el barbero. Se marca sillón, luego es la sábana alrededor del busto, a un centímetro a partir de la línea del pelo, la que vulgarmente se llama “el corte”; comentario del partido del domingo… En ciertos países, hasta se puede escoger champú, antes. El afilado en la lengua de piel, por parte del barbero, sigue siendo lo más universal.
Cuando éste sube el volumen de la radio, se entiende que ha llegado la hora.
Hay gente que levanta la cabeza con valor. Mira por fin el espejo del frente y el mismo, el espejo, se abre enseguida hacia el espejo del fondo, que a su vez vuelve hacia el del frente con su propio par contenido. Los tres rebotan y retornan siendo ya seis. Y así, cual pelota de yaquis, proyectado, el múltiplo de la talla del todo se mete hacia adentro y se hace, allá a lo lejos, un simple punto.
Como ya no se trata de una cabeza sino de un punto, y no puede haber en ella más que un punto de dolor, el barbero suelta la lengua y corta de golpe. El punto cae del fondo al espejo del frente. Del frente, rumbo al espejo del fondo. Los puntos avanzan hacia afuera. Crecen y, con ello, el dolor que encierran. Y los condenados retribuyen, infinitas veces, en carne propia, el daño que hicieron, hasta que la cabeza original se desprende, rebota en el suelo…
Esto se ha contado ya mil veces, de mil maneras: matrioska, muñeca rusa, mise en abyme… No obstante, si el punto continúa el movimiento inicial, una inercia interior, siempre más dentro de lo dentro, hasta perderse en el fondo del reflejo, los condenados reciben la gracia. Se paran y se van sin pagar.
Tales economías facilitan el viaje de las novias a los cines.

© Amaurys García Calvo, Sevilla, 2016.

© A. G. C., septiembre, 2016.
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