domingo, 23 de octubre de 2016

MIRADAS DE DOBLE TONO



Lire la VF de cette nouvelle, ici : LES DEUX COULEURS DU REGARD.


© Amaurys García Calvo, Porquerolles, 2014.
Una vez al año, nos intercambiamos el ojo izquierdo. Sin mucha ceremonia. Llegado el instante, inclinamos las cabezas y nos palmeamos el cogote. El ojo ajeno de cada cual, salta de su órbita hacia la manos, como los ojos de vidrio de los tuertos convencionales antes de irse a la cama.
El quita y pon es indoloro y rápido. Se tarda más en pasar el ojo usado a quien resulte para el ejercicio fiscal siguiente. Y todos tomamos el ojo sustituto evaluando cómo el ojo que una vez fue nuestro, aquel ojo original, de nacimiento, que cedido fue al inicio del hábito, es acogido en la palma de la mano de su nuevo portador. Se le brinda al ojo que llega la misma candidez que reciba el nuestro allá donde sea. Y superado el trámite, lo hundimos en nuestra cavidad vacante, y lo acomodamos empujando. Resbalan los dedos sobre el párpado. Hasta que podemos abrir. Y recibimos el golpe de la diferente perspectiva, la que nos manda el ojo original, ojo viajero. Acoplamos la perspectiva a la de nuestro ojo de siempre, el derecho, tan fiel, sostén del aquí y el ahora, e ignoramos a propósito la tan corriente heterocromía, ese fenómeno de iris ámbar con iris azul, de iris verdes junto a negros, de iris grises con rojos…
Huelga dejar constancia del instante pavoroso: si no sentimos el calor de una palma en nuestro ojo distante. La misma suerte que nos trae una perspectiva cambiada, que nos ha otorgado antes una media visión de algún lugar remoto…, la misma suerte que nos lleva a jugar a estar allá estando aquí, en un allá incontrolado, que no rompe los bolsillos ni se pierde en lejanos aeropuertos, puede acabar en tu contra. Cada año hay nuevos propietarios en tu edificio o en otro, allá por donde tu ojo ande. Todos corremos el riesgo de las ventas, los alquileres o los embargos a cifras impares. El equilibrio entre las cuencas y los ojos disponibles es muy frágil. Y puedes ser tú el que se tenga que conformar con una sola mitad en su visión, la derecha, la mitad fiel. Porque el ojo que no halla órbita el día del cambio, según la Ley de Propiedad Horizontal, es guardado en una gaveta de la oficina gestora de fincas. La misma ley que penaliza los ojos en vasos de agua, para evitar los atisbos refractados, tan propios de los peces… La misma ley que prohíbe el abuso del viento de perfil en la montaña, la espuma en los ojos a la hora del baño, las licencias de los optometristas, el humo de la polución, disparar a la cara, contemplar a la esposa a la hora del amor… Nadie, sabido es, cumple sus obligaciones conyugales con una sola pupila dilatada, enorme de placer y otra cuenca vacía, el nervio óptico latiendo ahí, ansioso, a la vista de la amada desnuda. Esa ley, Constitución de la República del Doble Tono, controla incluso el derecho a reclamar los ojos de las gavetas, del mismo modo que imputa a los atrevidos que procuran hacerse de un tercer ocular, el dichoso día del trueque de los ojos. El alivio de ese año en la semioscuridad es que nadie nota lo del tuerto convencional, tuerto normalito, tuerto de verdad, tú, con tu ojo engavetado, prueba viviente de que se puede ser tuerto aun llevando un par de ojos. Porque ha sido tu ojo el de la mala suerte, no tu cuenca disponible. Habrás merecido un ojo en la rifa. Y ahora no te queda más que la costumbre, en la cual acaba pareciendo la oscuridad un sueño también convencional, un sueño profundo y constante.

Lire la VF de cette nouvelle, ici : LES DEUX COULEURS DU REGARD. 
© Amaurys García Calvo, Porquerolles, 2014.
© A. G. C., noviembre, 2013.
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